Por Eclipse Agudelo Martínez

 

Considero que parte de lo que nos caracteriza como seres humanos es el hecho de crear manifestaciones artísticas, podríamos decir que somos en esencia arte y lo hemos sido desde los primeros pincelazos de la razón. Pero, al ser una persona fuera de la norma, ¿cómo se ve afectado mi acercamiento a las obras?, ¿cómo me acerco a las películas, libros, pinturas, esculturas y música que me rodea o que marcan mi historia?, ¿cuál es la interferencia en mi experiencia al ser una persona “marginal” que es receptora de la obra de un machista? Si parte de mi esencia es el arte, ¿cuál es el papel de la obra de un misógino en mi vida?

Según la Nueva Crítica basada en teorías de Roland Barthes y La muerte del autor, mi percepción como persona que observa debe enfocarse en la inmanencia de la obra, es decir, juzgar la obra siendo objetivx. El texto, la imagen, la trama (según el arte al que se critique) debe ser la única herramienta de análisis. No debe estudiarse uniendo historia, contexto o incluso el mismo creador de éstas: debemos acercarnos eliminando todos los factores externos, matando así al autor y acabar con la obra cerrada. Mas, si el autor es un maltratador, abusador y/o violador, ¿debo “matarlo” para acercarme a su obra producida?, ¿cuál es mi papel como un ser social afectadx por esta problemática?

Reconozco que las películas de Woody Allen solían parecerme obras maestras, cinematografía de excelencia que marcó y marcaría siempre la historia del cine y el entretenimiento. Reconozco que es sagaz, innovador, único en su voz…Además, reconozco las denuncias sobre abuso sexual e incesto. Muchos dicen ante esto que su obra sigue siendo increíble, de hecho, indudable sí lo es, ¿pero debemos apoyarlo?, ¿es necesario crear una burbuja protectora para él por el apoyo de su audiencia?, ¿por “matarlo” de su obra tenemos que ponerlo en un pedestal indestructible?, ¿acaso no es cierto que su fama es lo que lo protege de enfrentar verdaderamente sus acciones? Matarlo de su obra nos convierte en cómplices de sus delitos.

Y no sólo es el caso de un director, guionista, productor y actor de Hollywood, si se hace un mapeo a través de la historia sobre los autores de todas las ramas artísticas, probablemente el caso de Woody Allen sea en comparación “leve”. Incesto, maltrato físico, abuso psicológico, violencia sexual, esclavismo, dominio jerárquico, asesinato, pedofilia, entre muchos otros, son situaciones en las que se ven constantemente sumergidos dichos autores masculinos. Otro personaje que lo ejemplifica es Picasso, uno de los más importantes representantes del arte en el siglo XX, un hombre en sobremanera poderoso en su tiempo y adorado hasta el punto de rayar con lo religioso, un hombre que en su adultez estuvo sexualmente con varias mujeres menores de edad, estuvo noches enteras con mujeres de las que tenía o no consentimiento, un hombre que afirmaba su aversión por el sexo femenino hasta que lo reconocía por su sexualidad… ¿Aún tenemos que canonizarlo?, ¿hoy debe seguir siendo el dios del arte del siglo XX a costa de cualquier cosa? 

Hannah Gadsby, comediante australiana y profesional en Historia del Arte, expone su opinión de la siguiente manera: 

“Odio a Picasso. Sé que debería ser más generosa con él porque tenía una enfermedad mental. Pero nadie lo sabe porque esto no pega en su mito. Nos venden un Picasso apasionado, atormentado, un genio viril. Pero sufría de la enfermedad mental de la misoginia.” (2018).

“Sufría” de misoginia como casi la mayoría de los hombres artistas, seres que no podían escapar del vórtice del narcisismo, de su propia idealización por considerarse genios en un misterio del humano, de ese fenómeno cultural de la creación del arte. 

Actualmente la industria del consumo dirige todos los aspectos de la sociedad, entre estos contamos a la industria cinematográfica hollywoodense encargada también de la televisión. Abarcando de una manera general, la mayor parte de la población occidental consumimos excesivamente películas y programas de televisión. Nos venden entretenimiento, formas alienantes de embutirnos cualquier cosa por la necesidad que nos genera, consumimos lo que nos vendan sin cuestionarnos de qué nos reímos, por qué lloramos, qué nos emociona… En definitiva, vemos sin cuestionarnos qué vemos y sin cuestionarnos qué hay detrás de todo. Nombres como Roman Polanski, Kevin Spacey, Mel Gibson, Johnny Deep, Harvey Weinstein, Bill Cosby, Louis C.K, Brett Ratner, James Toback y Dustin Hoffman, son algunos de los personajes que se ven envueltos en casos legales por demandas realizadas principalmente por mujeres como consecuencia de haber sufrido violencia sexual y acoso laboral, mujeres que fueron manipuladas y oprimidas para poder realizar su trabajo, mujeres que fueron atacadas hasta dejarlas inconscientes y así poder abusar de ellas. Varios de ellos se le imputan casos de más de veintiséis personas, es inimaginable el atropello a una persona y estamos hablando de docenas por cada hombre.

Por cierto, no caigamos en el error de decir que ese tipo de casos sólo se viven en Estados Unidos o en países enormes territorialmente, en Colombia también se ha producido casos de violencia sexual hacia mujeres y niñxs por parte de personas famosas en el país. Algunos de ellos son Johan Álvarez, Guillermo Gálvez y Silvestre Dangond (se debe tener en cuenta que son muchos casos más), éste último fue acusado de tocar indebidamente a un niño en uno de sus conciertos y su respuesta fue: “Esto viene de cultura, esta mamedera de gallo, de diversión de jocosidad. Esto lo hacemos aquí de manera común.” (2011) ¿Es decir que por ser común garantiza que está exento de problemas? Jamás será una excusa tomar el discurso de justificarse con lo colectivamente aceptado para safarse de una situación en el que se vulnera a una persona. Esta “normatividad” es la culpable de lo expuesto anteriormente, ya que es “normal” tener sexo con una mujer (así no lo consienta) si es la pareja del hombre en cuestión, es “normal” golpear a una mujer si el culpable es esposo de ésta, es “normal” tocar los genitales de una niñx si es familiar de éste, es “normal” abusar y violentar a las mujeres por ser hombres. 

Así que, te pregunto de nuevo, ¿existen límites para acercarse a la obra de un misógino?

Referencias:

Gadsby, H. (2018). Nanette. Australia.

El Tiempo. (2011). Denunciarán a Silvestre Dangond por presunto abuso sexual. Colombia.

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